A simple vista sólo parece una réplica gigante de la Copa del Mundo. Una invitación inevitable para quienes caminan por la peatonal de Tafí del Valle, frente a la plaza principal, especialmente durante los días en los que juega la selección argentina. Los turistas se acercan, la abrazan, posan con camisetas y pelotas y convierten el lugar en una pequeña extensión de la fiesta mundialista. Pero detrás de esa estructura de 250 kilos hay una historia de varios meses, mucho trabajo artesanal y hasta una curiosa pelota escondida en su interior.
La responsable de darle forma es Claudia Albarracín, licenciada en Escultura y Cerámica, quien vive desde hace una década entre El Mollar y Tafí del Valle y actualmente dicta talleres artísticos dentro del área de Cultura municipal. El objetivo inicial no estaba exclusivamente relacionado con el Mundial. También buscaba realizar una obra que funcionara como un reconocimiento a Tafí del Valle.
“Quisimos que sea una copa dirigida a nuestro querido Tafí. Esa fue la idea. Y como quedaba justo con el tema del Mundial, se unieron las dos cosas”, explicó Claudia.
A partir de allí comenzó el verdadero desafío. La protagonista diseñó la estructura, realizó los planos y empezó una construcción completamente artesanal. Su marido fue una pieza importante durante la primera etapa, especialmente en el armado del esqueleto interno. “Me ayudó mucho con el tema del hierro, cortándolos y soldándolos. Entre los dos fuimos trabajando”, contó.
El proceso completo demandó alrededor de dos meses y medio. Hubo que diseñar la obra, levantar la estructura y, finalmente, afrontar la parte más delicada: el modelado. La copa está construida principalmente con cemento y arena y gran parte de su estructura es maciza.
El resultado final pesa alrededor de 250 kilos. “Todo esto es macizo. Cemento y arena, todo hecho y modelado a mano”, explicó la escultora.
Sin embargo, semejante peso obligó a buscar una solución para la parte superior. Hacer completamente macizo el globo terráqueo que corona la copa habría aumentado todavía más el peso de una estructura que ya era difícil de trasladar. Entonces apareció una solución tan sencilla como inesperada. “Pusimos la famosa pelota de ‘Quico’”, contó Albarracín entre risas.
Una pelota inflable de grandes dimensiones sirvió como base para construir el mundo ubicado en la parte superior. Sobre ella se realizó una capa más fina de material, lo que permitió reducir considerablemente el peso.
El trabajo requirió, además, una técnica especial para conseguir los detalles. El cemento, explicó Claudia, no resulta sencillo de modelar. Por eso utilizó una combinación de cemento, arena, yeso y goma laca que le otorgó mayor plasticidad a la superficie y permitió trabajar la forma final de la escultura.
Desde entonces, la obra dejó de pertenecer únicamente a su creadora. Durante el Mundial se convirtió en un punto de encuentro. Los turistas llegan corriendo, se abrazan a la copa, se tiran junto a ella y buscan la mejor fotografía. Desde Cultura incluso colocan camisetas, pelotas y banderas para completar la escena.
“Está pensado como un punto fotográfico. Esa es exactamente la idea”, explicó Claudia. “Cuando llega el turista viene corriendo, se tira, se saca fotos. Se puede poner una camiseta, agarrar una pelota, abrazarse a la copa”, contó..
La cercanía con la plaza principal terminó potenciando todavía más su protagonismo. Allí se concentran buena parte de los festejos después de los partidos de Argentina y la escultura quedó incorporada naturalmente al recorrido de quienes celebran cada triunfo.
Hasta comenzó a aparecer una pequeña preocupación en tono de broma. “Cuando Argentina sea campeón se van a querer llevar la copa. No sabemos qué va a pasar ni cómo la van a querer alzar”, dijo entre risas.
La escena resume, de alguna manera, el destino que terminó teniendo su creación. La copa ya no es solamente una escultura colocada en la peatonal. Durante el Mundial se transformó en un escenario para las fotografías, en una parada obligatoria para los turistas y en parte del ritual de quienes atraviesan la plaza después de cada partido.